En 2003, un grupo de vecinos se organizó para ayudar a una familia venezolana que enfrentaba una emergencia médica. Ese momento, una comunidad apareciendo en silencio, se volvió un patrón.
A lo largo de los años, Casa de Venezuela Orlando se expandió hacia el trabajo cultural, educativo y humanitario. Nos convertimos en un símbolo de unidad, apoyo y resiliencia para una diáspora venezolana en crecimiento y en un vehículo para integrarse a un nuevo país y cultura.
Seguimos siendo lo que siempre fuimos: una puerta a la que puedes tocar.